Influencers: ¿el medio es el mensaje?

 


"Sin importar lo que hagan, los influencers tienen una constante: el consumo"

Hace más de medio siglo, Marshall McLuhan, el padre de la teoría de medios, lanzó una tesis inquietante: los medios masivos como la televisión (ahora sería el internet y sus formatos, incluidas las redes sociales y las plataformas de streaming) construyen nuestras ideas y formas de entender el mundo independientemente de los mensajes que transmitan. Es decir, sin importar lo que se esté diciendo, el medio a través del cual se dice ya nos está compartiendo una manera de ver el mundo. Un ejemplo son las series sobre narcos, el hecho de que aspectos de la realidad social tan complejos como el narcotráfico se presenten como una historia, con protagonistas y personajes secundarios, con dramatización y una banda sonora, nos construye la idea de que los eventos de la realidad pueden tomar esa forma, nos crea, entre otras cosas, la idea de que el mundo del crimen se organiza en héroes y villanos, nos convence de que lo importante es el personaje, sus motivaciones, manías y personalidad. Por eso en las series y películas de narcos nosotros, las víctimas, solo somos parte de la escenografía.

La tesis de McLuhan me invita a pensar en esos otros protagonistas del ahora: los influencers. De entrada me entusiasma que en este momento los medios electrónicos nos den la oportunidad a muchos de producir y compartir nuestras ideas con suma facilidad y casi sin intermediarios, este blog es un buen ejemplo de ello. Contrario a los que se lamentan de que hoy la opinión de x persona vale lo mismo que la opinión de un experto, yo celebro esta mediocre democratización de la opinión pública. Pero con la apertura también viene la complejidad. Los influencers son parte de ella. 

Aceptémoslo, los influencers son reales, las personas, especialmente las más jóvenes, los siguen, admiran, aprecian y sí, muchos toman muy en serio sus opiniones. Cuando le preguntamos a los niños y adolescentes de secundaria si admiran a alguien, es muy probable que entre sus respuestas se incluya a algún youtuber famoso (Vegetta, sin duda). Es más, muchos adolescentes dirán sin problema que aspiran a convertirse en uno de ellos. Pero, ¿qué vuelve tan atractivas a estas figuras?

En mi opinión, detrás de la seducción del influencer se oculta algo muy sencillo: un estilo de vida. Frente a su audiencia y seguidores, los influencers representan no solo esa vida que todos quisieran llevar, sino aquella con la que nos obligan a soñar. Ya sea que se dediquen a hacer ejercicio y cultivar su figura a partir de un modelo de belleza establecido o que le dediquen horas a cocinar platillos que parecen salidos de revista o que estrenen cada videojuego y consola que sale al mercado, los influencers se definen por una actividad que ocupa por entero su existencia. Una especie de hobbie interminable. Esta es la primera fantasía que satisfacen: la ilusión de que el tiempo libre pudiera convertirse en la constante de tu vida. Y aunque sepamos que esto no es posible de todos modos caemos en la trampa, incluso sabiendo por experiencia que ver Netflix 48 horas seguidas hace que lo aborrezcas.

La segunda fantasía con la que podríamos asociarlos es quizá la más peligrosa. Sin importar lo que hagan, los influencers tienen una constante: el consumo. En efecto, estos personajes son ante todo consumidores de algo: productos de belleza, carros, viajes, ropa, video juegos, utensilios de cocina, gadgets, libros, música, lo que sea. Incluso, es de todos sabido que el estilo de vida influencer se basa en el patrocinio de las compañías a cambio de su publicidad "auténtica". Por eso para ser influencer no necesariamente hay que ser rico, pero definitivamente no se puede ser pobre. De hecho, es común encontrar fuertes críticas y hasta mensajes de odio cuando alguien pobre pretende ganar notoriedad en las redes, un ejemplo reciente es la popularización del meme "déjame adivinar... ¿techo de lámina?" utilizado para sobajar a tiktokers (especialmente niños) cuando muestran la pobreza de sus casas. 

Finalmente, para volver a McLuhan, no importa lo que un influencer diga, si su postura es absolutamente superficial o si pretende ser profundo, incluso si sus consejos para la vida diaria son útiles, su mensaje viene irremediablemente empaquetado en un medio que de entrada invita a la satisfacción de fantasías sociales: superar la frustración a través del entretenimiento y el consumo. Tampoco hay nada nuevo en esto (McLuhan lo abordó en los 60), durante décadas la televisión fundó un predominio basado en el clasismo y el consumismo. La diferencia está en que cada vez menos personas creen en la televisión, pero a estos nuevos formatos muchos le dan su voto de confianza. No nos queda más que idear los mecanismos de subvertir esto y ganar algo de profundidad, sin perder el limitado acceso a la vida pública que las plataformas nos están ofreciendo. No será fácil.

Josué Gutiérrez González es profesor de literatura en la Escuela Normal Superior, plantel Hermosillo. Es miembro de El Búnker Biblioteca Comunitaria, un proyecto dedicado a la promoción de la lectura en el municipio de Hermosillo, Sonora, México.

Email: josueg2000@gmail.com

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