¿Abrazos o balazos?

 



"Abrazar a la sociedad mexicana es combatir con todos los recursos posibles la desigualdad social que discrimina, avergüenza y clausura el futuro de tanta gente"


Desde la campaña presidencial, la propuesta del gobierno federal actual ha sido objeto de constantes reclamos y burlas. Los grandes medios de comunicación privados han elaborado una intensa campaña para desautorizar cualquier intento de promover una solución a la violencia que no esté basada en el uso de las armas y las fuerzas de seguridad. A estas alturas, deberíamos saber que combatir el fuego con fuego es una fórmula desastrosa. No creo que pactar con el crimen organizado sea la solución, esa es precisamente la fórmula que utilizaron los gobiernos de México durante décadas; tampoco abogo por una política de dejar hacer, dejar pasar, como muchos aseguran que ha hecho el gobierno actual. En cambio creo en un acercamiento que entienda y después se encargue de las causas profundas de todas estas muertes, desapariciones y abusos.

Como siempre, la lectura se convierte en un gran medio para dar con posibles soluciones. Morir es un alivio, el libro de Karina García Reyes, ofrece una brillante exploración de lo que hay detrás de este desastre: seres humanos de carne y hueso que cometen estos crímenes atroces. En su estudio, la autora entrevista minuciosamente a 12 exnarcos en rehabilitación para conocer su pasado y la forma en que terminaron trabajando para el crimen organizado. Los patrones que se derivan de su testimonio son terribles, aunque no deberían sorprendernos.

Todas las historias están marcadas por experiencias brutales de abuso infantil derivadas de la violencia doméstica. En todos los casos, el padre fue el perpetrador de terribles castigos y abusos contra los entrevistados, sus madres y hermanos. Conforme crecieron, ellos mismos se convirtieron en violentadores de su propia familia. Ante la violencia experimentada en casa, los entrevistados relatan que entre la infancia y la adolescencia encontraron soporte en las pandillas de sus barrios, donde también sufrían violencia y vejaciones, pero por lo menos tenían oportunidad de desquitarse con otras personas. Ahí se involucraron con el consumo de drogas como una forma de alivio y escape para soportar la dolorosa vida de las  calles y la discriminación sistemática de la que eran objeto por ser pobres y, en muchos sentidos, desechables. Los sujetos también refieren que el gran incentivo para dejarse reclutar por el narco fue la promesa de satisfacer todas sus fantasías materiales. No es que el hambre los haya orillado al crimen, sino la búsqueda del prestigio, admiración y respeto que vienen acompañados del dinero y su poder corruptor en una sociedad como la nuestra. Finalmente, todos terminaron esclavos de las adicciones y perseguidos tanto por sus cómplices como por las autoridades, las cuales en casi todos los casos resultaban más temibles que el peor de los cárteles.

Tras leer estas historias, me quedo pensando en qué significa cambiar balazos por abrazos. En última instancia, se trata de que por primera vez en la historia de este maravilloso y triste país se proteja con toda la fuerza del Estado y la Sociedad civil a las mujeres, niños, niñas y adolescentes que todos los días descubren que la familia es el primer infierno de los seres humanos. Abrazar a la sociedad mexicana es combatir con todos los recursos posibles la desigualdad social que discrimina, avergüenza y clausura el futuro de tanta gente. Abrazar implica enfrentarnos de una buena vez al machismo que doblega las voluntades, esclaviza y asesina.

Josué Gutiérrez González es profesor de literatura en la Escuela Normal Superior, plantel Hermosillo; asesor editorial en Ojo de cuervo, editoras; cofundador de El Búnker Biblioteca Comunitaria, organización independiente dedicada a la promoción de la lectura en el municipio de Hermosillo.


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