¿Volver a la escuela de antes? ¡No, por favor! (Parte 1)
"Hay muchas cosas que deben cambiar en nuestras escuelas para que realmente veamos el retorno a las aulas como algo digno de celebrar"
Por todas partes se anuncia: la reapertura de las escuelas
es un hecho inminente. Es poco probable que sea antes de finalizar el presente
ciclo escolar, pero resulta factible para el próximo agosto o septiembre. Todo
dependerá de la vacunación. Pero, ¿tendrá sentido volver a la escuela de antes?
Después de un año del cierre de planteles, muchos ven la
educación presencial como el paraíso perdido. No los juzgo, todos añoramos el
contacto directo con personas. Muchos padres de familia sufren la diaria rutina de acompañar a sus hijos en las clases y tareas; casi todos los estudiantes se
aburren en sus casas y desean ver a sus amigos, salir a jugar, socializar. Los
docentes somos otro cuento: para algunos la educación en línea ha sido un
estimulante desafío que nos ha puesto al día en cuanto a tecnología, gestión y
diseño, pero para otros se ha traducido en terrible frustración ante la gestión
educativa vía Whatsapp, el rezago y, lo más grave, la deserción de sus alumnos
menos favorecidos.
Sin embargo, ver el regreso a las viejas escuelas como el fin del problema representa un engañoso retroceso. La tragedia nos hace perder de vista lo que eran nuestras escuelas de antes, y esa ilusión, en el contexto pos pandemia, se convierte en una bomba de tiempo. Pensemos solo en la cuestión sanitaria.
Seamos honestos, nuestras escuelas públicas son abiertamente insalubres. Solo basta con pasar a un baño para darse cuenta de esto. No hay suficiente agua y la que hay se tira por tuberías y llaves descompuestas, no hay suficiente personal capacitado para la limpieza y mantenimiento, las instalaciones sanitarias nunca funcionan a su máxima capacidad: de cuatro lavamanos solo sirve uno, de cinco escusados dos están clausurados, dos están tapados y uno medio sirve.
Por años nos concentramos en saltar la brecha digital invirtiendo en computadoras, proyectores, pizarrones inteligentes, laptops, tablets, centros de cómputo y un largo etcétera. Lo más triste de todo es que nunca logramos cruzar la dichosa brecha, hasta la fecha casi ninguna escuela pública tiene wifi de velocidad aceptable, los focos desgastados de los proyectores hacen que las imágenes sean casi en blanco y negro, nunca hay tinta en las impresoras y las computadoras obsoletas se van acumulando. En contraste, las bibliotecas escolares y los laboratorios desaparecieron o se volvieron basureros de libros y materiales, los baños y los bebederos quedaron en el abandono para ser sustituidos con tecnología del siglo XIX: ahora parece que acarreamos agua de un pozo en garrafones de plástico sucios y descuidados. No es un misterio que en muchas escuelas los alumnos son responsables de llevar su propia agua y los que no pueden toman de la llave aunque sepamos que está altamente contaminada.
Definitivamente hay muchas cosas que deben cambiar en nuestras escuelas para que realmente veamos el retorno a las aulas como algo digno de celebrar. No podemos olvidar que el cierre de las escuelas trajo también enormes ahorros al presupuesto de educación: el consumo de energía eléctrica y agua disminuyó enormemente, así como los gastos de mantenimiento, material de limpieza, papelería y gasolina. Por lo tanto, necesitamos asignar una parte importante del presupuesto hacia las instalaciones sanitarias, las cuales deberían ser tan limpias y funcionales como los baños de un buen cine o el mejor restaurante. También se necesitará más personal de intendencia y servicios realmente capacitado, bien remunerado y motivado a través de su dignificación, pues ya es hora de ver a estos servidores públicos como una parte esencial de las instituciones. Nos quedan al menos 5 meses más de escuelas cerradas, ¿qué estamos esperando?
Josué Gutiérrez González es profesor de literatura en la Escuela Normal Superior, plantel Hermosillo. Es miembro de El Búnker Biblioteca Comunitaria, un proyecto dedicado a la promoción de la lectura en el municipio de Hermosillo, Sonora, México.
Email: josueg2000@gmail.com


Comentarios
Publicar un comentario