El derecho a evadirse


Tenemos la libertad de irnos en el viaje mientras alguien nos dice algo que supuestamente es importante


Todos hemos visto los videos de maestros desesperados y hasta enfurecidos porque sus alumnos no encienden su cámara. Parecería que en esta modalidad de escuela a distancia es vital para los docentes  confirmar a cada momento que hay alguien detrás de esos cuadritos con fotos o con una inicial, y ante la más leve sospecha de que no es así, se nos viene encima una avalancha de emociones negativas que a veces explotan en un arrebato verbal que está destinado a convertirse en tendencia de Tik tok o Youtube.

Ya entre docentes, las impresiones se orientan a que con la modalidad virtual a los alumnos les cuesta cada vez más trabajo mantener la atención. Pero para ser honestos tendríamos que reconocer que la evasión ha sido siempre un reto perdido para los docentes. ¿Quién no recuerda los múltiples momentos en que durante las clases presenciales los alumnos se perdían entre tanta explicación, exposiciones y actividades en el aula? En los últimos 10 años he visto de todo, desde alumnos metidos en su celular riéndose y contestando un mensaje, hasta un par de muchachos jugando una partida coop en su Nintendo Switch en la parte de atrás del salón. 

No puedo negar que en su momento estas conductas me han sacado uno que otro coraje. Pero con el paso del tiempo he ido entendiendo que hay un derecho inalienable a la evasión.

En efecto, todos tenemos la libertad de irnos en el viaje mientras alguien nos dice algo que supuestamente es importante. 

Creo que esta frustración tiene dos causas principales. La primera es el enorme ego de nosotros los docentes. Aceptémoslo, nos encanta recibir atención de los demás; no importa todo lo que diga el constructivismo social en cuanto a que el profesor es solo un facilitador y que el centro debe ser el alumno, en el fondo de todos nosotros hay un pequeño narciso que quiere se tomado en cuenta en todo momento.

Esto se resuelve relativamente fácil, una pequeña dosis de realidad nos enseña que los alumnos nos aman y aprecian, pero al mismo tiempo descubrimos que no podemos ser el centro de su realidad ni siquiera por 50 minutos.

La segunda causa es mucho más complicada y grave. La razón de tanta necesidad de que los alumnos presten atención durante la clase proviene de la convicción equivocada de que es en ese espacio de tiempo donde ha de darse el aprendizaje. Creemos (a veces sin darnos cuenta) que el aprendizaje es una epifanía, un momento de revelación, que ocurre durante la clase y se nos olvida que el aprendizaje es más bien un proceso largo y discontinuo. Alguien puede pasar toda una clase meditando en la "inmortalidad del cangrejo" (frase oldie chavorruquesca) y después en su casa, en el baño o dentro de dos meses le encuentra sentido a lo que el maestro trataba de presentarle. O bien, un estudiante decide que en el momento de la clase es más importante atender algún asunto en casa o que sencillamente no puede concentrarse, pero en otro momento, con ayuda de un compañero revisa el material y lo discute en una atmósfera mucho más relajada. 

Algún maestro dirá que es muy importante enseñarles a disciplinar sus mentes y aprender a poner atención. Estoy de acuerdo, es función del docente acompañarlos en este proceso de madurez. Pero lo cierto es que mientras no aceptemos y entendamos que la mente de los adolescentes y jóvenes funciona diferente a la de los adultos, seguiremos reclamando sin éxito su presencia atenta y constante a nuestras clases. Nuestros alumnos tienen necesidades propias, viven su mundo y requieren ser funcionales en él. Parte de esa realidad es la vida interior, su sagrado derecho a evadirse, a pensar en otras cosas, a tontear y desperdiciar el tiempo, después de todo siempre habrá otro día, otra clase, otro semestre.

Comentarios

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  3. Me gustó mucho la reflexión a la que nos llevas. Me dejas pensando en el ego y lo poderoso que es en la vida de los docentes. Te confieso que en estos días de encierro he merodeado ese tema muchas veces. Gracias por el espacio y por invitarnos a seguir reflexionando sobre nuestras prácticas como profes.

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    1. Gracias por leerlo y queda el espacio abierto para compartir esas reflexiones. Abrazos.

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